lunes, 20 de diciembre de 2010

La mañana de Pi.

El barrio de las putas es por las mañanas, la tierra de los perros vencidos. Los perros reposan y sus ojos cansados vacilan, entreabiertos. El suelo ataja pedazos del polietileno arrugados y mal cortados, que planearon al piso casi en simultáneo con la última esperanza de aquél: otro bastardo, hijo de la madre noche. Perros y bolsas: testigos del sueño de mañanas de miércoles, donde abren sus puertas talleres; depósitos y pequeñas fábricas, cuando te miran con desconfianza por no poder descifrar cuáles son las «reales» intenciones de tu deambular. Cuando en realidad no existen razones, para alguien, podes llegar a ser un espía de la CIA, o sin ir mas lejos, un botón de la AFIP, la cana o cualquier otro bicho indeseable que represente una potencial amenaza para el sostenimiento de sus actividades irregulares. El desconcierto, cuando violentamente y con el ceño retorcido, indagan:

- ¿Qué necesitas?

Y vos les respondés:

- Nada, estoy paseando.

Y te invade el odio, cuando pensás: ¿Cuál será la razón por la cual uno no puede caminar por la vereda de una cortada, sin que algún alma aburrida ponga en tela de juicio tus acciones o potenciales (asimismo ficticias) intenciones?
Hay cosas que están mal y se te enmaraña la cabeza cuando intentas dar forma a una posible explicación que ,al toque te das cuenta, sólo podría caber en el marco de tu acotadísimo mundito de construcciones estupidísimamente idealistas. No lo podés resolver, no lo podés conceptualizar como para escupirlo, de una, en forma de paquete vendible. No para que otros se lo compren. Pero sabés que definitivamente algo está mal.

- ¿Qué necesitas?
- ¿Qué vas a hacer?
- ¿Cuál es tu plan?
- ¿Que querés ser (por que todavía se ve que no SOS)?

- ¡Nada! Estoy paseando.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Feliz cumpleaños.

Esa frase que no puedo hilvanar...
Cuando me pedís que te escriba una canción...
Como el pulso de una vieja,
la aguja,
y el carretel de hilo...
No se encuentran...
Como un sordo que busca una melodía...
Imposible...
Es inútil intentarlo,
cuando la intensidad
del sentimiento
madruga varios inviernos
antes que el propio raciocinio...
por que para escribir,
hay que sentir,
pero también hay que pensar...
Y el pensamiento,
suele no poder contemplar
aquellos sentimientos tan puros
e intensos,
Por que la pureza no se puede
razonar,
y no hace falta explicarla (por que de cualquier modo, no se puede representar)
y para que exista,
no hace falta escribirla,
tan solo existe...
y existe... hoy... para mí,
gracias a vos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Oír los pasos de uno.

Oí hablar sobre la inmensidad. Él contaba su viaje, cómo de a poco y sin premeditación, había llegado a Tilcara. Habló de La Inmensidad y dijo: "En medio de la inmensidad de Tilcara, uno puede encontrarse, sentirse: Escuchar sus propios pasos".
Yo pensé: ¿Será por eso que uso zapatos con taco?¿Actuaran para mí, como artificio para escuchar el ruído de mis pasos, golpeando el piso del mediodía en la ciudad?¿Usaré zapatos con tacos, para forzar el encuentro con mi yo mas auténtico?¿Será posible encontrarlo.... si uno lo fuerza?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Una noche

Las ciudades respiran,
y entre nos:
Mientras las almas descansan de ellas mismas,
descansan...
de a una o de a dos...
Se cansan y se abruman,
de a una o de a dos...
Dejan tranquila a la ciudad...

Las ciudades respiran,
entre insomnios y desalmadas almas plenas,
entre locos y linyeras,
entre perros y sus ojos,
entre nosotros dos despiertos,
pescadores,
la luna, el rio y nuestras bicicletas.

Una crónica de Valparaiso


Despertarse al mediodía. Cara de suicidio. 14 hs. Choripanes en el patio: a la órden de Pedro. La casa de Neruda: Un par de tomas interesantes, casi nada más. Lo irritante: el lugar transformado en un «No se puede... por decisión de la fundación etcétera... y demás etcéteras pelotudos».

...

La caminata por los cerros me reanimó. Volví a sentir. Me volví a olvidar de la derrota de lo sensible ante lo bruto. ...
Abrazaban los cerros, arquitecturas del enigma... Calles «Pseudo - olvido»: Los bárbaros se hubiesen horrorizado, hubiesen hablado de abandono y demas cualificaciones sin el menor grado de análisis. En Valparaiso, el paso del instante se impregna en la materia, dandole una silueta tangible a la cuarta dimensión: El tiempo.
Bajando por alguna callejuela, pegado al hostel «Caracol», encuentro un atelier. Charlo con Ariel. Ariel es pintor y VIVE en Valparaíso. Es un tipo de ahí. Ariel es un hombre en su lugar. Salgo por la misma puerta por la que entré y me alejo a paso de turista. Me freno en una especie de terraza o mirador y me siento sobre la varanda. Le doy un espacio a respirar y pienso en el hecho de que, para un hombre, estar en comunión con su entorno mas cercano, es un gran paso en el camino hacia la sanación de las angustias de la propia existencia.

...

Bajando, a cinco minutos: El opuesto. Cinco minutos: El umbral.

...

El barrilete de Fede se arrastra, remarcando su paso. El barrilete que acababa de comprar, ahora esta roto. Ya no puede volar, aunque sopla el viento. Se arrastra, aunque todavía sopla el viento.

«¡Señor, señor! ¿Es eso un volantin?»

«Nosotros le decimos barrilete»

El nene acomodó el cubo, y frunciendo el seño pasó a la siguiente.

«¿De dónde venís?»

«De Argentina»

«¡Yo quería conocer Argentina!»

«Bueno, te dejo que vayas a vivir a mi casa, y yo me quedo a vivir acá, en la tuya»

Perplejo, el pibe esbozó una sonrisa. Sus ojos la acompañaron. Por un instante, fue feliz. El nene vivió algo, que para él, resultó de lo mas insólito. Sintió como la intriga se abrazaba con la emoción. Pegó media vuelta y salió corriendo. Se fue. Por un instante, fue feliz y por primera vez en su vida había vuelto a no saber.

...

Me conseguí una birome, el lápiz era de mina blanda y ocupaba demasiado espacio: el grueso de las líneas era absurdo, le quitaba peso a las letras y por consiguiente, las palabras gozaban de una liviandad que me incomodaba. En fin... El bar... Ricardo... Ricardo, el abogado... Su nariz... La vela...
Digamos que Ricardo es un abogado, un profesional graduado de la Universidad Católica; un ex niño bien que hizo las cosas bien, aunque siempre tuvo dentro de si, el bicho del cambio, ese deseo del non-establishment. Sus ojos avinagrados todavía sostenían una mirada romántica. Nóstalgico, Ricardo me comentó algo sobre sus viajes y su estadía en Buenos Aires durante la dictadura de Onganía; «Tiempos dificiles» me dijo. De Buenos Aires, le fascinó la Bohemia, y a mi me resultó curioso oír hablar de «La Bohemia» como tal. En el aire, el aire que existió por entre nuestra conversación, pude olfatear el aroma de un espíritu que, aunque cagado a patadas por las botas de la vida, todavía aguantaba. Y volvía al ruedo. Volvía, como Mikey Rourke en «Barfly», volvía al bar por otro trago, después de que el bar tender le hubiese partido la cara a trompadas la noche anterior.
Ricardo estaba ahí, en su bar, el bar que me dijo: «Un bar de amigos». Ricardo estaba sentado, ahi; en un bar del puerto. Su «Cola de mono», vacío. Su nariz escrachada, y el espacio entre el pulgar y el índice de punta en blanco.

...

Paso apurado, hacia arriba. El trago amortigua los ruidos y exhalta los olores. Bart disfruta del trance, se lo encuentra sereno. Me cuenta algo bueno. Compra un bocado en la panadería.
«¿Compramos unas birras?»
«Y...Si no queda otra...»
Subiendo y subiendo... en Valparaiso casi el noventa por ciento del tiempo estás caminando para arriba; Lo lógico indica que, si subís, después bajas en igual medida.... En Valparaíso, eso no pasa. Tuvimos que frenar antes de llegar al hostel, el cóctel de escabio y esfuerzo nos había empezado a dar dolor de cabeza.
Así siguió la noche, un aperitivol, se transformó en un arranque bastante importante; en el hostel, con todos.
Pasé estaciones
en mi habitación,
de vacaciones
escuchando
tristes canciones felices
y leyendo a John Fante.
Vi pasar el tiempo
a través de mi ventana,
intentando entender..
¿cuándo se trata de entender?
cuando se trata de un dos,
que se transforma en dos unos..
nunca entendés,
Hasta que dos,
se trasforman de nuevo en uno.
Por que al fin y al cabo,
como le dijo Valerio a su mamá,
1 + 1, es igual a uno.

martes, 19 de octubre de 2010

domingo, 20 de junio de 2010

Recoveco.


Recoveco

Ahí donde mandamos el fideo
que
se escapa de la olla
o
donde pateamos
los cachitos
de cebolla
que caían
al piso
mientras
la picabamos...

Recoveco, el espacio:
la "rendija" -entre-
la heladera y
la pared

o

entreelpisoylaalacena,
detrás del sillon o
debajodelaalfombra
donde

escondemos las migas
que planearon al piso.

espacio...
inalcanzble a la distancia
acogedor en la cercanía.

recoveco...

complice del hastío
escondite de las mas inocentes fechorías.

recoveco... espacio.

espacio elástico,
donde muta el centimetro

y todo se vuelve inalcanzable...

recoveco...

alacena de historias...
historias que quedaron

en segundo plano

o en
una toma fuera de foco...

eternos extras en la cinematografía

del espacio.
recoveco...
el hogar
del polvo
el
microcosmos
del

olvido.

recoveco...
narrador omnisciente
de crónicas cotidianas.

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