Cuando me pedís que te escriba una canción...
Como el pulso de una vieja,
la aguja,
y el carretel de hilo...
No se encuentran...
Como un sordo que busca una melodía...
Imposible...
Es inútil intentarlo,
cuando la intensidad
del sentimiento
madruga varios inviernos
antes que el propio raciocinio...
por que para escribir,
hay que sentir,
pero también hay que pensar...
Y el pensamiento,
suele no poder contemplar
aquellos sentimientos tan puros
e intensos,
Por que la pureza no se puede
razonar,
y no hace falta explicarla (por que de cualquier modo, no se puede representar)
y para que exista,
no hace falta escribirla,
tan solo existe...
y existe... hoy... para mí,
gracias a vos.

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